Un día como hoy, esperaba que me pidieras perdón. Claro, eso sería pedir que las estrellas cayeran del cielo. Evidentemente, eso no sucedió. Por eso, no quiero tus palabras si no las queres decir, ni tus 'te quiero' si no los sentís. No quiero nada de vos que no lo hagas por el hecho de que deseas hacerlo. Reconozco que soy un poco orgullosa pero siempre que tuve que hacerlo supe pedirte perdón, supe reconocer mis errores y senté cabeza para escucharte decirme lo mal que te había dejado ahogado entre mis palabras. Ahora te pido yo, que te des cuenta de que estoy comenzando a cansarme de tu indiferencia hacia mí, de ese dolor transofrmado en odio que expresas como si no te interesase una mierda lo que creo, mis vanos intentos de ayudarte, de mirarte a los ojos aunque gires tu cara y me des la espalda. Quiero que entiendas que todo lo que hago, no lo hago de mala gana, si digo lo que digo es por algo, y no, esta vez no voy a redimirme de nada. Se que duele, pero algunos dolores hay que sufrirlos para entender de que se tratan. No quiero recriminarte nada, no tenes la culpa de absolutamente nada, pero estás enojado y creo que esta vez, voy a optar por esperar a que el tsunami pase porque, si no me dejas entrar en tu vida, es imposible que desde afuera, pueda llegar a hacer algo al respecto. No me creo la sanadora de vidas, sólo pretendo curarte el alma. Dejate caer en mis brazos, confía en mí. • Nunca he sentido que algo realmente importase, pero sí la satisfacción de saber que las cosas que apoyé y en las que creí las he conseguido de la mejor forma que he podido.
sábado, 24 de julio de 2010
Un día como hoy, esperaba que me pidieras perdón. Claro, eso sería pedir que las estrellas cayeran del cielo. Evidentemente, eso no sucedió. Por eso, no quiero tus palabras si no las queres decir, ni tus 'te quiero' si no los sentís. No quiero nada de vos que no lo hagas por el hecho de que deseas hacerlo. Reconozco que soy un poco orgullosa pero siempre que tuve que hacerlo supe pedirte perdón, supe reconocer mis errores y senté cabeza para escucharte decirme lo mal que te había dejado ahogado entre mis palabras. Ahora te pido yo, que te des cuenta de que estoy comenzando a cansarme de tu indiferencia hacia mí, de ese dolor transofrmado en odio que expresas como si no te interesase una mierda lo que creo, mis vanos intentos de ayudarte, de mirarte a los ojos aunque gires tu cara y me des la espalda. Quiero que entiendas que todo lo que hago, no lo hago de mala gana, si digo lo que digo es por algo, y no, esta vez no voy a redimirme de nada. Se que duele, pero algunos dolores hay que sufrirlos para entender de que se tratan. No quiero recriminarte nada, no tenes la culpa de absolutamente nada, pero estás enojado y creo que esta vez, voy a optar por esperar a que el tsunami pase porque, si no me dejas entrar en tu vida, es imposible que desde afuera, pueda llegar a hacer algo al respecto. No me creo la sanadora de vidas, sólo pretendo curarte el alma. Dejate caer en mis brazos, confía en mí.
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